¿QUÉ NOS COMUNICAN NUESTROS HIJOS CON SU COMPORTAMIENTO?
- paulaclarosliendo

- 30 ago 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 4 sept 2019

Cuando nuestros hijos reaccionan negativamente y se ponen difíciles, ¿asumimos que su mal comportamiento es a causa de actitudes caprichosas, berrinchosas o mal criadas?, o más bien tratamos de entender ¿por qué están actuando de esa manera?
La psicóloga, María Gómes nos dice que: “detrás de cada mal comportamiento hay una emoción o necesidad que no está pudiendo ser comunicada de mejor manera y que necesita ser vista, traducida y respondida”, por ejemplo, cuando los niños pequeños tienen sensaciones de sueño, hambre y aburrimiento es común que ellos se muestren enfadados, molestos y berrinchosos, éstas son las formas que ellos van descubriendo y probando para comunicar sus necesidades, tanto físicas como emocionales, a medida que van creciendo estas formas pueden ir cambiando.
En mi experiencia de mamá, viviendo ciertas situaciones de molestia con mi hija y observando el comportamiento de niños cercanos me di cuenta que es completamente real que detrás de cada comportamiento negativo hay una necesidad física o emocional por cubrir en nuestros hijos y creo que uno de los grandes conflictos que surgen en la relación con ellos, se da por la incapacidad de entender lo que nos están expresando con esa su conducta; no nos olvidemos que, todo proceso de comunicación hace referencia al intercambio de información entre dos o más personas, unos comunican y otros escuchan, por lo que mitad del camino es para el que expresa y la otra mitad es para el que recibe e interpreta el mensaje.
Por ejemplo, cuando nuestro un niño, demuestra una mala conducta en el colegio, ya sea a nivel de relacionamiento con sus pares o con los maestros y/o si en la casa se caracteriza por ser “rebelde”, quizá más allá de mandar el mensaje que lo defina como un niño conflictivo, él está apelando a formas que le permiten comunicar la necesidad de llamar la atención de sus padres y por lo menos así sentirse visto, e incluso el regaño que llegue a obtener de ellos, será para él una forma efectiva de hacerse notar.
En ese sentido, los niños en su proceso de aprendizaje se valen de todas las formas que ellos conocen para poder expresar aquellas emociones, sensaciones y necesidades contenidas y no siempre lo hacen de manera armónica o funcional, y es en ese contexto que mayormente los papás optamos por la reacción más simple que es etiquetar al niño como “mal criado” o “caprichoso”; sin embargo, lo mejor que podríamos hacer, ante los comportamientos inapropiados de nuestros hijos, es preguntarnos ¿por qué está sucediendo esto?, ¿qué me quiere comunicar mi hijo con su comportamiento?.
El hacernos esa pregunta, nos permite entender cuál es la necesidad de fondo que nuestros hijos necesitan satisfacer; una vez que entendamos eso tocará que como papás podamos contener a nuestros hijos y guiarlos de forma efectiva en su aprendizaje.
Valoro el aporte de Valery Flórez de @iparenty cuando afirma: “no juzguemos los comportamientos de los niños, LEÁMOSLOS, siempre tienen un mensaje oculto por descifrar y ese mensaje casi siempre es: necesito más amor, tiempo, juego, cariño, escucha y atención de un adulto respetuoso conmigo”.
Si bien es cierto, que la actual dinámica de vida demanda que ambos papás (si se da el caso) trabajen fuera del hogar por largos periodos, veamos la forma de invertir todo el tiempo que sea posible para generar momentos de conexión efectiva con nuestros hijos. Esa conexión va a ser mucho más fuerte si la hacemos en la primera infancia porque ese vínculo va ser la base sobre la cual vamos a establecer la relación con nuestros hijos posteriormente; si no estamos presentes en su vida ahora que son niños, seguramente costará un poco más lograr que ellos nos tengan presentes en la suya, cuando vayan creciendo.
No limitemos el mal comportamiento de nuestros hijos solamente a conductas caprichosas o rebeldes, escuchemos con nuestro corazón qué nos están comunicando con su comportamiento, veamos más allá de lo evidente y conectemos con ellos de corazón a corazón.
La primera infancia, es una etapa de oro, para poder crear vínculos de confianza con nuestros hijos.

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