Acompañar la Adolescencia: Un Camino de Vulnerabilidad y Oportunidad
- paulaclarosliendo

- 26 nov 2024
- 2 Min. de lectura
Hace trece años que soy mamá y estoy naciendo a la adolescencia junto con mi hija. En conversaciones con otras madres y padres que también están acompañando a sus hijos en esta etapa, noto que compartimos emociones y sentimientos muy parecidos.
La adolescencia, con toda su intensidad y complejidad, nos desafía constantemente..
A veces, observamos tantos cambios en la actitud y el comportamiento de nuestros hijos que, en momentos, podemos sentir nostalgia por aquella etapa en la que su mirada parecía decirnos constantemente: “Eres lo más grande para mí”.
No es raro escuchar —y confieso que también lo he dicho— que esta es una etapa difícil, incluso agotadora. Hay días en los que siento que mi paciencia se pone a prueba, especialmente cuando no logro mantenerme calmada frente a una respuesta reactiva o cuando siento que le hablo y no me presta atención. Es en esos momentos cuando pienso: “Estamos entrando al ojo de la tormenta”.
Quizá esa afirmación se asienta en el recuerdo que tengo, cuando en mi adolescencia escuchaba a las personas referirse a la adolescencia como esa etapa en la que los chicos y chicas no saben lo que quieren y parecen incontrolables, a ese mal llamada "edad del burro". Sin embargo, si buscamos la definición de "adolescencia", descubrimos que esta palabra proviene del término “adolescere”, que significa “crecer”. Y el crecimiento, como sabemos, implica cambio, una palabra clave en esta etapa de la vida.
Personalmente, cada vez me esfuerzo más por cambiar los lentes con los que miro esta etapa. La adolescencia tiene muchos matices que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que estamos viviendo. Es, sin duda, un tiempo de grandes descubrimientos, tanto para ellos como para nosotros.
Ellos están naciendo a la adolescencia, y nosotros, como madres y padres, estamos naciendo a una nueva forma de acompañar. Este proceso nos enfrenta a momentos de vulnerabilidad, pero también nos abre puertas a nuevas oportunidades.
Vulnerabilidad, porque gestionar las emociones que emergen en esta etapa no siempre es fácil. Las luchas de poder, los desacuerdos y las emociones intensas pueden hacernos sentir que estamos perdiendo el control. Pero, quizá, no se trata tanto de “controlar”, sino de aprender a navegar juntos por este mar de cambios.
Oportunidad, porque si logramos cambiar nuestra perspectiva, podríamos ver esta etapa como una invitación a redescubrir nuestra relación con ellos. Comprender que estos cambios son parte de un proceso normal nos permite acompañarlos desde el respeto y la empatía, ayudándolos a construir su identidad mientras nosotros ajustamos la forma en que nos vinculamos con ellos.
Tal vez, la adolescencia no se trate solo de desafíos, sino de aprendizaje mutuo. Si elegimos conectar desde el amor y la comprensión, podemos construir vínculos más fuertes y significativos con nuestras hijas e hijos, aún en medio de las tormentas emocionales que esta etapa trae consigo.
¿Y tú? ¿Qué lentes estás usando para mirar la adolescencia de tus hijos?
Imagen: www.freepik.es.

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