¡Mi hijo tiene baja tolerancia a la frustración!!!
- paulaclarosliendo

- 24 feb 2023
- 4 Min. de lectura

¡Mi hijo tiene baja tolerancia a la frustración!!!, cuántas veces nos angustia como ma/padres que nuestr@s hij@s no gestionen la frustración…sin embargo, es necesario reflexionar, ¿cómo gestionamos la frustración nosotr@s, las y los adult@s?
Para comprender a la frustración, es importante conocer, por un lado, esta emoción y por otro conocer, cómo es que se desarrolla el cerebro de nuestr@s hij@s.
La frustración es una emoción que nace de la rabia o del enojo, la sentimos cuando algo no sale como uno quiere; esta emoción no viene sola, la acompañan emociones como la desilusión, la tristeza o la decepción, todas estas emociones denotan una “ausencia de bienestar”.
A nivel cerebral, el cerebro de nuestr@s hij@s es un cerebro que nace inmaduro y se va desarrollando de manera gradual, durante los primeros 25 años de vida aproximadamente. Las primeras zonas en madurar son las instintivas y emocionales, siendo la zona encargada de la regulación emocional (corteza prefrontal) la última en madurar (este no es un detalle menor).
¿Nos gusta sentir frustración? creo que no, ¿verdad? Sin embargo, en la vida surgirán muchas experiencias y situaciones en las que nos tocará transitarla, tanto a las y los adultos como a l@s niños.
Y justamente, ese me pasó recientemente con mi hija, de mucho tiempo la vi y sentí totalmente frustrada, tanto así que mi esposo y yo, conversábamos sobre, cuánto les cuesta tolerar la frustración a l@s chic@s, más aún cuando están en las puertas de la preadolescencia y en esa charla, nos surgió la duda: si ante esa situación, que para nosotros no era tan grave reacciona de esa manera, ¿Qué pasará cuando realmente no pueda tener ciertas cosas/relaciones/personas?
Me quedé pensado y reflexionado y comprendí lo siguiente:
A l@s adult@s también nos cuesta gestionar la frustración pese a que tenemos un cerebro maduro, con todas las áreas desarrolladas, esas que nos permiten sentir y pensar, muchas veces nos desborda sentirla y no la podemos gestionar de manera positiva.
A las chic@s, incluidos l@s pre adolescentes, también les resulta muy difícil gestionarla, sobre todo por temas biológicos, ya que ell@s están aún con un cerebro inmaduro y en proceso de desarrollo, siendo la parte instintiva y emocional la más desarrollada y la parte de la regulación emocional (corteza prefrontal) la menos desarrollada.
Adicionalmente, como resultado de la tecnología la sociedad se va acostumbrando cada vez más a la gratificación inmediata, todo lo quiero, ahora, en este momento, eso hace que los umbrales, de una emoción como la paciencia desciendan y se genere una baja tolerancia a la frustración, a nivel general.
Ambos, tanto adult@s como chic@s, somos parte de esa cultura de “comida rápida”, y si a nosotros nos cuesta regularnos, imaginémonos como les cuesta a l@s chic@s, que además de tener una parte emocional activada y una zona encargada de la regulación emocional en desarrollo, nacieron en esta cultura de la inmediatez…por su puesto que tendrán una baja tolerancia a la frustración, mucho más que nosotr@s.
La pregunta es: ¿Y ahora qué hacemos?, ¿Cómo les ayudamos a ser más pacientes y a regular mejor esa frustración?
Siento que es importante considerar:
Mirar con mayor compasión a nuestr@s hij@s en esos momentos de desregulación emocional.
Comprender que su cerebro está aún en desarrollo y que, si no pueden gestionar esas emociones, como nosotr@s quisiéramos, es porque no pueden, a veces ni nosotros podemos hacerlo.
Acompañar esas emociones, desde una validación genuina, sin anestesiarlas con frases como: no es tan grave, pero no llores, pero no pasa nada y/o queriendo distraerlas. Ya cuando pasen, lo importante será reflexionar con ell@s para ayudarles en el desarrollo de la zona pre frontal.
Habitar las emociones desde un conocimiento de lo que son y de lo que nos comunican, para eso será importante conocerlas, ya que no puedo comprender lo que no conozco.
Dejar que se aburran…no saturarlos de actividades, no anestesiarlos con la tecnología cuando son pequeños.
Escuchar y comprender, sin emitir juicios de valor, cuando nos cuentan, por ejemplo, que no les gusta una materia en el cole, porque el profesor es aburrido; esa puede ser una buena oportunidad para fortalecer el músculo de la “paciencia”. Mientras no haya abuso ni maltrato, no tenemos por qué intervenir.
Motivar conversaciones que aporten a la construcción de un pensamiento crítico, para que l@s chic@s sean capaces de mirar el bosque y no el árbol, cuando algo no les guste o no les salga como ell@s quieren.
No tenerle miedo a la palabra “NO” dicha con amabilidad y firmeza, es una palabra necesaria.
Y la última, quizá la más difícil, para padres y madres: ser ejemplo y modelar una buena gestión emocional, sobre todo de esas emociones con ausencia de bienestar como lo es: la frustración.
Les dejo esas reflexiones, ojalá nos sirvan para comprender cada vez un poquito más a nuestr@s hij@s y la vez comprendernos también a nosotr@s mismos. Yo comenzaré mi trabajo hoy…
Paula Claros Liendo
Máster en Educación Emocional y Neurociencias Aplicadas (FLICH-CIEEN-Chile)
Comunicadora Social (UCB-Bolivia)
Educadora Certificada en Disciplina Positiva en la Familia (PDA)
Diplomada en Parentalidad, Apego y Desarrollo de la Infancia (FAI-Chile)
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