Aprendiendo nuevas habilidades parentales
- paulaclarosliendo

- 30 jul 2021
- 4 Min. de lectura

¿Cómo suelen reaccionar nuestros niños cuando perciben que tienen un conflicto?, muchos ma/padres podrán decir, lo hacen a través de gritos, llantos, golpes, pellizcos, patadas, pataletas y quizá la lista podría ser aún más larga; sin duda este tipo de reacciones y conductas muchas veces nos exasperan, nos violentan y nos llevan a conectarnos con nuestra parte más emocional y primitiva del cerebro, esa parte que cuando se activa, bloquea nuestra capacidad de pensar reflexiva y calmadamente; esto hace que muchas veces intentemos apagar un incendio con gasolina pura, siendo el resultado un incendio a escala mayor.
Pero ¿entonces que hacemos?, ¿cómo puedo contener y acompañar a mi hijo en esos momentos?, al final mi rol es educarlo y corregirlo, dicen muchos ma/padres ya casi desesperados y frustrados porque sienten que este tipo de situaciones los rebasan completamente y no encuentran formas respetuosas ni positivas que les ayuden a “controlar” a sus hijos.
Es importante comprender que nuestros niños, sobre todo en la “primera infancia” (0 a 6 años), tienen un cerebro inmaduro, donde la parte más instintiva y emocional está completamente desarrollada, pero la parte más racional y la que además se encarga de ayudar a la regulación de las emociones (corteza prefrontal) esta en proceso de maduración. Conocer ese detalle, nos ayuda a reconocer que esas “herramientas” muchas veces inadecuadas que utilizan los niños son las herramientas que ellos conocen y que ellos tienen para defenderse de algún conflicto y para expresar alguna necesidad insatisfecha o alguna emoción.
Si nosotros como ma/padres, les quitamos esas herramientas, a través del castigo, de los gritos, del maltrato, dejamos a esos niños “en blanco”, sin herramientas para expresarse, eso no quiere decir que deba aguantarme y validar esas formas “inadecuadas de expresión”; sino más bien quiere decir, que si voy a limitar a mi hijo a que se exprese de la forma que sabe o que puede, tengo que darle otras herramientas que sí las pueda utilizar para expresar aquello que siente o necesita comunicar. “Esto no hacemos, pero esto sí podemos hacer”.
No obstante, para yo poder enseñar otras habilidades de expresión a mi hijo, debo mirar como ma/padre, qué me generan a mí esas formas inadecuadas de expresión y como suelo reaccionar ante los gritos, berrinches, patadas y golpes de mi hijo…y quizá si hacemos ese proceso reflexivo vamos a descubrir que muchas veces nosotros también reaccionamos de manera a veces similar, porque también es lo que aprendimos y son las herramientas y habilidades que tenemos.
Sin embargo, al igual que con los niños, si a nosotros los ma/padres nos quitan esas herramientas, pues también nos quedamos en “blanco”, por lo que, así como los niños tienen que aprender otras herramientas y habilidades de expresión, los adultos también tenemos que hacerlo; quizá en nuestro caso el proceso sea un poco más complejo ya que debemos pasar por una etapa de “desaprender” para volver a aprender.
Entonces, el primer paso para dotar de nuevas herramientas a mi hijo, tiene que ver conmigo, con cómo yo voy generando ese nuevo aprendizaje el mismo que me demandará habilidades de auto observación, de aceptación y de movilización.
Auto observación y auto conocimiento, para darme cuenta conscientemente la forma en la que suelo responder a las necesidades de mi hijo ¿lo hago desde la calma de manera reflexiva o lo hago desde el caos, de manera reactiva?, y también debo observar si de alguna manera, con mi conducta o respuesta motivó o estimuló ese tipo de conducta “inadecuada de mi hijo” (me comunico desde el control, de manera irrespetuosa, desde la desconexión).
Aceptación, ¿puedo reflexionar y asumir que “me equivoqué” y que necesito reparar?
Movilización, ¿estoy dispuesto a re aprender nuevas formas de comunicación, de expresión, de contención y respuesta a las necesidades que muchas veces mis hijos expresan de manera “inadecuada”?
Si es así, el segundo paso consiste en el aprendizaje de nuevas herramientas y habilidades que nos permitan, por un lado, responder con mayor sensibilidad y disponibilidad física y emocional a las necesidades que nos expresan nuestros hijos y por otro lado, que nos permitan dotarlos de habilidades significativas necesarias para su desarrollo.
Desde la filosofía de vida que plantea la Disciplina Positiva, se plantea el aprendizaje de distintas herramientas que nos pueden ayudar, desde la amabilidad y firmeza al mismo tiempo, a enseñar a nuestros hijos habilidades sociales y de vida de largo plazo, que coadyuven, entre algunos, al fortalecimiento de una sana autoestima centrada en la creencia de “soy capaz”, a la construcción de una autovaloración centrada en el reconocimiento de su capacidad de contribución, a una adecuada gestión de sus emociones y la construcción de habilidades interpersonales que fortalezcan su capacidad de cooperación de flexibilidad y de comunicación.
El aprendizaje de estas herramientas, no debiera ser con el objetivo de querer ser padres y madres perfectos ya que eso no es real; la crianza es un proceso complejo y lleno de “errores”, pero cuando identificamos en los errores, oportunidades para aprender y enseñar y cuando nos hacemos conscientes que cuando yo me equivoco tengo que reparar, los ma/padres podemos comprender que tomar conciencia es la clave para el cambio y así poder ser, tal como lo decía el psicólogo Donald Winnicot, esos padres y madres suficientemente buenos para nuestros hijos.
Los aliento a hacerlo y me aliento a hacerlo también, ambos estamos en el mismo barco y el aprendizaje de nuevas y mejores habilidades ma/parentales es continuo y dinámico.
Paula Claros Liendo
Comunicadora Social
Educadora certificada en Disciplina Positiva
Miembro de la Positive Discipline Association (PDA)
Diplomada en Parentalidad, Apego y Desarrollo de la Infancia (FAI-Chile)

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