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¿QUÉ COMPORTAMIENTOS ESTAMOS INSPIRANDO A NUESTROS HIJOS?

  • Foto del escritor: paulaclarosliendo
    paulaclarosliendo
  • 30 ago 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 4 sept 2019

NO TE PREOCUPES PORQUE TUS HIJOS NO TE ESCUCHAN. TE OBSERVAN TODO EL DÍA”.

Madre Teresa de Calcuta





Cuántas veces como padres nos hemos sentido angustiados porque sentimos que nuestros hijos no nos escuchan, no se comportan como nos gustaría que lo hagan y en algunas ocasiones reaccionan de una forma opuesta a la esperada…


Desde que nacen, los niños son observadores por naturaleza y sus primeros aprendizajes se dan por imitación, es así que los padres y madres somos su primer “punto de vista” y su referente más cercano; por tanto, si no estamos conformes con cierto tipo de comportamiento y reacción de nuestros hijos, mirémonos primero a nosotros mismos, ya que nuestros hijos son un reflejo de nuestra crianza.


Rudolf Steiner, representante de la pedagogía Waldorf plantea el desarrollo del ser en tres periodos, divididos en tres septenios: 0-6, 7-13 y 14 -21, y afirma que es en el primer septenio que los niños están explorando y descubriendo el mundo físico, absorbiendo el mundo a través de sus sentidos y siendo la imitación la forma más activa de conocimiento.


Esto que plantea Rudolf Steiner, me llevó a una profunda reflexión sobre la gran responsabilidad que tenemos los papás y mamás, al ser el referente más cercano e importante de nuestros hijos, cuando de modelar la conducta, las creencias, los hábitos, los valores y la gestión de las emociones se trata.


Si los niños son observadores por naturaleza, si todo el tiempo nos están observando y si como resultado de esa observación y aprendizaje, ellos construyen las bases de sus primeras percepciones intelectuales y emocionales del mundo, las cuales van a influir a lo largo de su vida, tanto en su comportamiento, reacción e interacción con el entorno, ¿qué estamos comunicando los padres a nuestros hijos a partir de nuestras acciones, palabras y comportamientos, ya sean conscientes o inconscientes?


Para responder a esta interrogante debemos mirarnos con los ojos de nuestros hijos y hacerlo en el día a día, es en esa cotidianeidad que tenemos que “observarnos”, para ver qué estamos inspirando a nuestros hijos con cada uno de nuestros hábitos, comportamientos y formas de reaccionar.


En esta dinámica de observarnos también debemos prestar atención a nuestra forma de comunicación, tanto verbal como no verbal: ¿qué tono de voz uso, cuando hablo con las otras personas, con mi pareja, con mis papás, con mis vecinos, con mis hijos?, ¿qué comunico con mi lenguaje corporal?, ¿reacciono reactivamente o respondo de forma reflexiva ante cualquier dificultad?, y lo más importante ¿hay coherencia entre lo que hago y digo que hay que hacer?


Los papás y mamás tenemos que ser coherentes con el mensaje que queremos trasmitir a nuestros hijos, por ejemplo, si queremos que nuestro hijo no grite y nosotros somos los primeros en gritarle a él o a nuestra pareja, les estamos dando un mensaje completamente confuso; el observarnos conscientemente nos permite valorar y potenciar, nuestra área de luz, aquello bueno que practicamos y nos ayuda a reflexionar sobre aquellas acciones que no están aportando a nuestra vida ni a la de nuestros hijos y que lejos de ser efectivas con nuestro mensaje, están coadyuvando a la generación de distorsiones y confusiones en aquello que les queremos enseñar y transmitir.


Encuentro mucha sintonía con las enseñanzas de Alvaro Bilbao, Neuropsicólogo español (@SaludCerebral), quién nos explica desde la neurociencia la gran influencia que tenemos los padres como referentes y “puntos de vista”, de nuestros hijos: “el cerebro dispone de un circuito de neuronas cuyo principal fin es aprender a través de la observación. Cada vez que el bebé observa cómo su papá dice su nombre, este circuito, conocido como «neuronas espejo», comienza a imaginar que sus labios y su lengua toman la misma posición. Cuando el niño ve a su madre ser respetuosa y afrontar los problemas con calma, o, por el contrario, perder los nervios y tratar a otra persona con desdén, su cerebro es capaz de imaginarse a sí mismo actuando así, como un espejo que refleja lo que ve. Las neuronas espejo ensayan silenciosamente muchos de tus comportamientos y programan el cerebro del niño, a modo de preparación, para que este pueda repetirlos en situaciones similares”.


¿Les suenan familiares estas reflexiones? se acuerdan ustedes de, ¿cómo fue su infancia?, ¿qué creencias, costumbres y hábitos aprendieron de sus papás o personas de referencia?….


No puedo pedir a mi hijo que haga lo que yo no hago y que sea lo que yo no soy, esto no significa en absoluto que seamos padres perfectos; pero sí nos demanda que seamos padres despiertos y conscientes.


Debemos aprovechar la primera infancia de nuestros hijos para inspirar comportamientos positivos en ellos, ya que en el siguiente septenio (7-13 años) nuestros hijos van a ampliar su rango de observación y van a considerar a otros referentes como: su grupo de pares, el artista de moda, las redes sociales, y así van a continuar construyendo sus propias percepciones y van a ir modificando sus valoraciones, e irán ampliando su esquema inicial de referencia, que era sólo de papá y mamá.


Para cada uno de nuestros hijos, nosotros somos sus “superhéroes”, somos lo máximo del mundo mundial, ¿no vale la pena entonces que hagamos el esfuerzo de observarnos conscientemente?, dicen que “la palabra convence y el ejemplo arrastra”, entonces tomemos consciencia de nuestros pasos y de la huella que vamos dejando momento a momento a lo largo de nuestra vida y en la vida de nuestros hijos.


¿Y tú qué tipo de comportamiento estas inspirando en tus hijos?

 
 
 

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