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Mirando más allá del comportamiento de mi hijo

  • Foto del escritor: paulaclarosliendo
    paulaclarosliendo
  • 28 jun 2021
  • 4 Min. de lectura


Cuántas veces hemos dicho o escuchado frases como: es que mi hijo no me hace caso, le digo 20 veces las cosas y no me escucha, le digo que me ayude y no responde, y ya siento que no tengo paciencia… yo, no sólo las escuché, sino que las dije varias veces y me suenan muy familiares porque también soy mamá y más de una vez tuve que lidiar con situaciones similares.


Entender el comportamiento de nuestros hijos, parecería una ciencia oculta, sin embargo, cuando comprendemos que aquello que vemos es sólo la punta del iceberg y que lo que realmente está motivando al comportamiento es algo que no vemos de forma evidente, el reto se torna aún más desafiante, ya que nos obliga a mirar más allá de lo evidente, a estar muy atentos a las pequeñas o grandes señales que nos dan y a convertirnos en detectives, algo así como Scherlok Holmes.


En este proceso de indagación que intenta comprender por qué y para qué de ciertas respuestas y comportamientos de nuestros hijos hace que nos encontremos con una primera pista reveladora: todos los comportamientos de nuestros hijos tienen un propósito…es decir tienen una finalidad, por lo que nuestros hijos se comportan de una determinada manera porque quieren conseguir algo.


Una segunda pista hace referencia a eso que nuestros hijos, quieren obtener con su comportamiento y muchas veces esto tiene que ver con dos tipos de metas, que la tienen ellos o cualquier persona y son: el sentimiento de pertenencia (conexión) y el sentimiento de valoración o importancia. Si nos ponemos a pensar desde nuestro rol de adulto son sentimientos, que para nosotros también son importantes, ¿verdad?, o es que no nos gusta cuando sentimos que pertenecemos a nuestra familia o a nuestro entorno laboral? y ni que decir si además de pertenecer nos sentimos vistos, valorados y reconocidos, nos gusta ¿verdad?


Lo mismo ocurre con los niños, cuando los niños tienen un sentido de conexión y se sienten reconocidos, valorados, vistos, respetados, alentados ellos se sienten bien y un niño que se siente bien es un niño que coopera más; esa es una tercera pista.


A partir de esto, te invito a descubrir una cuarta pista a partir de la siguiente reflexión: ¿Cómo me dirijo a mis hijos cuando necesito que hagan algo?, ¿les pido las cosas cómo lo haría con mi jefe, con mi pareja o con un amigo? O se las pido gritando de una habitación a otra: ¡ven a poner la mesa!, ¡anda a abrir la puerta!, lávate los dientes!


Muchas veces no nos damos cuenta que tantas órdenes hacen que los niños recurran a la rebeldía o a la lucha de poder para demostrarnos de alguna manera que ellos también pueden decidir.


Quizá esta cuarta pista es una de las más importantes…y sea la que nos ayude a encontrar el tesoro de la conexión. Si nosotros cambiamos la forma en la que nos comunicamos con ellos, reconociendo que somos quienes modelamos su conducta, sobre todo cuando son niños, es probable que generemos grandes cambios en nuestra relación; es decir, si yo quiero que mi hijo sea respetuoso y me escuche voy a necesitar modelar eso que estoy pidiendo, al final, nosotros los adultos somos quienes tenemos el rol de guiar y acompañar a nuestros hijos, entonces podemos mirar:

  • ¿Cómo me dirijo a ellos cuándo les pido algo?,

  • ¿Los escucho cuando me hablan?,

  • ¿Valido sus emociones, necesidades y deseos?, ojo…vamos a aclarar que muchas veces podemos validar su emoción y no estar de acuerdo con su reacción emocional o comportamiento y también podemos validar su necesidad o deseo, aunque la respuesta final sea, NO.

Para generar un trato más respetuoso en la relación con los niños, necesitamos reconocer que ellos tienen derechos y merecen ser tratados con el mismo respeto con el que tratamos a cualquier ser humano (nuestra pareja, nuestro jefe, nuestros amigos); me gusta una analogía que menciona Jean Nelsen que dice: “igualdad no significa lo mismo”, cuatro monedas de 5Bs y un billete de Bs20 son muy diferentes, pero su equivalencia es igual.


Decidir ejercer una crianza más respetuosa centrada en el respeto, tanto de las necesidades de mi hijo como de las mías, es una decisión que parte de un cambio de paradigma de lo que muchas veces creemos que es la disciplina, involucra sin duda mirar nuestras creencias y probablemente iniciar un proceso de “desaprender para volver a aprender” y sin duda considerar el aprendizaje de nuevas herramientas y formas de comunicación; requiere decisión para cambiar viejas prácticas de crianza quizá más punitivas y de corto plazo, por prácticas de largo plazo centradas en la construcción de habilidades y destrezas de vida para nuestros hijos, donde podamos mirar cada reto de crianza como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Nos puede ayudar hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué quiero enseñar a mi hijo a partir de este comportamiento? o ¿Qué podemos aprender de nuestros errores?


Unas reflexiones finales que podemos hacernos:


¿Cómo quisiera que fuera mi hijo de acá a 20 años?, ¿Qué habilidades de vida quisiera que tenga?, ¿mi estilo parental y el tipo de guía y disciplina que ejerzo me ayudan a construir ese ser humano que visualizó de acá a 20 años?


Generar estos procesos de reflexión que nos invitan a replantear nuestros paradigmas y formas de crianza nos pueden llevar quizá a recorrer un camino más largo, pero siento que ese camino puede llegar a ser más alentador y más nutritivo, tanto para nosotros como para nuestros hijos, y nos puede dejar además grandes regalos para construir una mejor relación, para fortalecer nuestro vínculo afectivo y sobre todo para aportar a la construcción de un mejor mundo dejando en él, los mejores seres humanos.



Paula Claros Liendo

Comunicadora Social

Educadora certificada en Disciplina Positiva

Miembro de la Positive Discipline Association (PDA)

Diplomada en Parentalidad, Apego y Desarrollo de la Infancia (FAI-Chile)

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