top of page

Mamá, cuida de ti

  • Foto del escritor: paulaclarosliendo
    paulaclarosliendo
  • 3 sept 2019
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 4 sept 2019


Cuando nació mi niña, que además fue bastante esperada, decidí conscientemente que iba intentar criarla y guiarla de forma distinta a lo que establecía la crianza tradicional, esa crianza centrada más en el comportamiento del niño que priorizaba el castigo como medida correctiva y decidí ejercer una maternidad consciente, centrada en las nuevas propuestas de crianza que postulan concentrarnos más en intentar indagar el por qué mi hija actúa de determinada manera, una crianza más respetuosa y de mayor conexión.


Y fue así que, desde que mi niña nació me dedique a ser madre 24/7, dándole toda mi atención y cuidado, concentrándome en todas y cada una de sus necesidades, había soñado tanto ser madre, que finalmente me estaba realizando plenamente en ese rol que por mucho tiempo lo había deseado. Sin embargo, con el tiempo algo me pasaba, porque si bien había logrado ser mamá y sabía además de forma teórica que una debe educar desde la conexión, desde el respeto, desde la empatía, había días en los que me era tan difícil poder actuar y responder así…tenía tanta culpa, porque me sentía una pésima mamá que no tenía paciencia, me sentía de mal humor de forma constante y gritaba demasiado.


En algunas charlas con amigas, ellas me decían… “pero si ya eres mamá”, “tienes una pareja maravillosa”, “¿Qué te falta?”, y yo misma trataba de entender ¿cuál era mi necesidad irresuelta?…para ese entonces ya había generado niveles de ansiedad y depresión que no me permitían estar bien  conmigo y menos con mi familia… y fue en una charla bastante profunda que tuve con mi esposo, que me di cuenta que por mucho tiempo, me había ocupado del bienestar de mi hija, de mi familia (en todos los grados) y que me había olvidado completamente de mí, me había dedicado a dar tanto, sin darme cuenta que ya no tenía nada para darme a mí… y en ese estado era más sano dejar a mi hija, con su abuela, con la niñera o en la guardería, porque yo no era una buena compañía…


Es en ese momento que sentí que había tocado fondo y comencé un proceso de re invención; algo de lo que estaba completamente segura, era que yo quería acompañar de forma presente a mi niña, no la había soñado y esperado tanto, para no compartir con ella cada partecita de su crecimiento.


Y es en ese momento que, sin saber el nombre exacto, comencé con mi proceso de autocuidado, re tomé mis prácticas de meditación que las había dejado cuando nació mi pequeña, porque simplemente me sentía cansada y no era capaz de meditar sin quedarme al instante dormida; hoy lo hago, no de forma diaria, pero sí cuando siento que mi cuerpo y mi alma lo necesitan y aunque, algunas veces, todavía me duermo, continuo intentando.


Retomé, quizá un mal hábito (porque dicen que acidifica nuestro organismo) – al final nada es tan perfecto -, el de tomar y disfrutar plenamente una taza de café, a veces sola y a veces acompañada.


Adquirí el buen hábito de escuchar todo el tiempo música tranquila y de vez en cuando deleitarme también con mis clásicos en inglés de los 80 y 90. Me di el permiso para ver y disfrutar de una buena serie en Netflix y decir sin culpa, “hoy no hice nada porque vi 3 capítulos seguidos de mi serie”.


Y uno de los grandes cambios que hice en mi vida, fue el dejar de quejarme por no conseguir un trabajo de medio tiempo y decidí crear mi propio emprendimiento, este que tengo ahora, mi marca personal “Paula Claros Liendo-Comunicación Parental”, todo eso había tenido un nombre y se había llamado “autocuidado”, y realmente puedo dar testimonio de que esa frase quizá trillada “si tú estás bien, tus hijos y tu familia estarán bien”, es real, si nosotras como mujeres no estamos bien con nosotras mismas, no estaremos bien con nadie.


Aún estoy en el proceso de integrar a mi SER mujer con mi SER madre, ambos no tienen por qué estar divorciados, una cosa no excluye a la otra; nuestros hijos necesitan madres que, así como intentan satisfacer las necesidades de ellos, sean capaces de satisfacer también sus propias necesidades y que compartan vida con ellos, no que se desvivan por ellos, entendiendo esto como quedarse sin vida por ellos.


Sé que muchas veces nos dicen “ahora que eres madre, tienes que vivir por tus hijos”, y son creencias que las integramos de forma tan profunda a nuestra vida que realmente creemos que es así… ¿pero nuestros hijos son importantes?, ¡claro que son importantes y son una parte muy importante de nuestra vida!, y el rol de ser mamás es, sin duda, uno de los regalos más hermosos  que la vida nos dio, pero no somos sólo madres, antes de eso fuimos y somos mujeres, y sin duda, que el mejor modelo y regalo que podemos dar a nuestros hijos es una mamá humana, que se auto regula, se ama a sí misma, se cuida, que no es perfecta, sino que es plenamente ella reconociéndose como un SER integral, en cada uno de sus roles, uno de ellos, el SER madre.


¡Mamá, cuida de ti, para poder cuidar a tus hijos y para vivir tú maternidad en plenitud!!! ¡Tú y tus hijos se lo merecen!!!


 
 
 

Comentarios


Suscríbete a mi blog

© 2019 Blog sobre Comunicación Parental. Creado con Wix.com

Los Pinos Bloque 37. Dpto. 302

Cel: 590-71202318

E-mail: paula.claros@gmail.com

bottom of page