ESOS PEQUEÑOS GRANDES CAMBIOS EN LA VIDA DE NUESTROS HIJOS
- paulaclarosliendo

- 3 sept 2019
- 3 Min. de lectura
Hace un par de días, tuvimos un episodio con mi hija de una doble explosión, la de ella y la mía y es que casi siempre cuando nuestros niños se enfrentan a cambios en su rutina y/o no ven satisfechas sus expectativas frente a alguna necesidad ya sea afectiva, emocional o biológica, es muy probable que se encuentran en medio de un terremoto de emociones que de una u otra manera termina afectando su comportamiento, y si nosotros, los padres, no reconocemos esa emoción en ellos, nos enfrascamos en una lucha de poder y de egos, que lejos de ayudar a solucionar la situación la complica aún más.
A veces ese cambio de comportamiento resulta muy evidente y las personas en general enviamos señales de ese malestar a través de nuestro comportamiento; en el caso de los niños por ejemplo un niño que normalmente era comunicativo deja de serlo, si usualmente era afectivo y amistoso prefiere estar sólo o se pone muy irritable; en otras ocasiones la reacción del niño es más silenciosa y tal como lo hace la tortuga, sólo meten la cabecita en el caparazón y al parecer todo está bien; también tenemos niños más expresivos y explosivos que optan por portarse más inquietos y demandan esa necesidad insatisfecha a través de su conducta, a veces desafiante.
Lo cierto es que cuando un niño se enfrenta a un gran cambio en su vida (por más pequeño que nos parezca a nosotros, los adultos), como un cambio de curso, de colegio, alejamiento de sus amigos, quizá mayor ausencia de uno de sus padres o la llegada de un hermanito, no es que no le pasa nada…internamente ellos sienten que algo dejó de ser igual o alguien dejó de estar y son sus reacciones, sus cambios de conducta, de carácter (a veces más sensibles o irritables), sus cambios alimenticios o de sueño, la forma que ellos encuentran para enviarnos el mensaje que expresa una profunda necesidad de contención y de muchas más dosis de amor y comprensión.
Haciendo empatía con ellos, cuando cambiamos de trabajo y tenemos que integrarnos a una nueva oficina o grupo laboral, también nos pasa algo…y el proceso de adaptación toma un tiempo, para algunas personas es más fácil habituarse, pero para otras es un poco difícil y demanda de más tiempo y paciencia con uno mismo. La situación se hace más intensa cuando nos enfrentamos a cambios estructurales en nuestra vida, una separación, una muerte, un alejamiento de alguien muy querido, y nos cuesta mucho adaptarnos a nuestra nueva vida, si esto nos cuesta a no nosotros, que tenemos mayor madurez y racionalidad para entenderlo, se imaginan, ¿Cuánto les cuesta a nuestros hijos, esas sus grandes situaciones de cambio, que a veces a nosotros nos parecen tan normales?
Esta época de grandes inicios, el colegio uno de ellos, es un momento para observar profundamente a nuestros hijos y ver cómo la están pasando, si ellos nos nos cuentan verbalmente lo que están sintiendo, observémoslos y estemos atentos a esa comunicación no verbal que está presente en la mirada, en la postura, en el tono de voz, en sus silencios a veces eternos y en esa necesidad de abrazo permanente o esa demanda de atención que a veces nos satura, pero que muchas veces es un grito de auxilio porque no la están pasando bien.
Sé que a veces cuesta mucho poder entender lo que les pasa, porque a veces ni nosotros nos entendemos a nosotros mismos y sucede que en ocasiones ambos nos encontramos en un mal día y coincidimos en la explosión y de pronto ya no es sólo un niño haciendo berrinche somos dos personas haciendo tremendo berrinche, en ese momento, quizá sea bueno separarnos un momento, respirar y que nosotros podamos pensar rápidamente que los adultos somos nosotros y que de nosotros están aprendiendo a regular sus emociones.
Prestar atención a las emociones del niño suele traducirse en más calma y cooperación, y lo logra más rápidamente que un arrebato parental dramático que intensifica todas las emociones circundantes. (Daniel Siegel, La disciplina sin lágrimas)
Considerar e intentar reconocer la importancia de esa contención, paciencia, ese compartir del silencio con nuestros hijos, tan sólo abrazándolos y haciéndoles sentir que estamos ahí presentes junto a ellos en su vida, sin juzgarlos ni presionarlos para que “reaccionen, porque no es tan grave”, nos ayudará a fortalecer el vínculo sobre el cual se va construyendo la confianza y el amor incondicional, ambos tan importantes para construir una comunicación honesta, real y transparente con ellos.
¡Hasta la próxima!

.png)



Comentarios