CUANDO NOS DUELEN LAS EMOCIONES DE NUESTROS HIJOS
- paulaclarosliendo

- 30 ago 2019
- 4 Min. de lectura
¡Cada emoción tiene un sentido evolutivo! La ira bien utilizada sirve para defender una causa justa, el miedo es la señal de alarma que te protege, la tristeza te dice que estás perdiendo algo que valoras, el asco te avisa de que algo puede envenenarte. Enseñando a nuestros hijos a poner nombre y a gestionar sus emociones, aprenderán a ser sus dueños y no sus esclavos. (@elsapunset)
Que desafiante resulta poder lidiar con nuestras emociones y sentimientos y más intenso aún, cuando nuestros niños vienen y nos cuentan que la están pasando mal; como primera reacción sentimos esas ganas naturales, creo yo, de quererlo proteger y de manera casi involuntaria, comenzamos con preguntas cuestionadoras: y tú que hiciste, y que le dijiste, la siguiente vez si sucede, le dices o haces…. y así vamos reaccionando dando respuesta a ese instinto de protección que tenemos los padres; no obstante, esa nuestra reacción a más de no ayudar a nuestro niño interfiere con la buena gestión de sus emociones; la misma que es importante para que él pueda entender, expresar, validar y solucionar ese conflicto emocional…
Entiendo que es difícil despersonalizar eso que le sucede a nuestro niño, y sé también que es desafiante no ser secuestrados por emociones como la rabia y el enojo, pero siendo honestos lo primero que uno desea hacer, el momento que siente que su niño está siendo “abusado” por otro, es solucionar el problema uno mismo; pero si lo que queremos es ayudar a que nuestro niño desarrolle habilidades como la independencia, autonomía y responsabilidad y además de que forje un carácter que le permita valerse por sí mismo, tenemos que aquietarnos, escucharlo, contenerlo y acompañarlo en la búsqueda de soluciones.
¿Qué hacemos entonces para contener y ayudar efectivamente a nuestros hijos?
Cuando uno es papá y mamá recién aprende, cuanto te puede doler el sufrimiento de otra persona, en este caso, de tu hijo, recién aplicas y expresas esa frase que dice “yo pongo el cuero y que me pase mí pero no a él”, lo cierto, es que como padres, por más amor profundo que sintamos por nuestros hijos, no vamos a poder evitar -ni deberíamos hacerlo- los aprendizajes, frustraciones y dolores que puedan experimentar como resultado de su existencia y experiencia; nos toca entonces acompañarlos, caminar de su mano y procurar dar pasos firmes para que nuestras huellas sean las luces que guíen su camino.
Se dice que la educación emocional y la buena gestión de las emociones son fundamentales para desarrollar e intentar asegurar una vida plena a nuestros hijos, y que en términos competitivos, todo lo que se invierte en el desarrollo del coeficiente intelectual puede asegurarnos el mejor trabajo de nuestra vida; sin embargo, en términos comparativos, la inteligencia emocional, será eso que nos ayude a mantener ese trabajo y en muchos casos ¡esa familia!
Es así, que como padres debemos acompañar activamente a nuestros hijos en el aprendizaje de las emociones, donde ellos necesitan aprender a reconocer, nombrar, validar, descargar y solucionar eso que están sintiendo.
Por ejemplo, si nuestro niño nos cuenta que tiene algún problema en la escuela y vemos que su necesidad de seguridad está siendo vulnerada lo que hace que él se sienta afectado y/o vulnerado, primero tenemos que ayudarle a identificar esa emoción, podemos hacer preguntas como: ¿qué sientes con eso que sucede?, ¿Qué sensación te provoca, te duele la panza, sientes ganas de llorar?, es importante identificar que hay detrás de cada emoción, ¿será qué es ira, miedo o tristeza?
Una vez que hemos ayudado a identificar esa emoción que siente nuestro niño, debemos validarla, decirle “entiendo lo que te está pasando”, si optamos por respuestas como “no es tan grave”, “ya va a pasar” o “son cosas de niños”, “paciencia”, estamos invalidando algo que para nuestro hijo puede que sea grave y al hacerlo podemos ocasionar, por un lado, que él no resuelva su conflicto y, por otro lado, que no nos vuelva a contar lo que está sintiendo. Ganarnos la confianza de nuestro niño es fundamental para saber en qué está y para que no seamos, los padres, los últimos en enterarnos lo que le está pasando.
A partir de esa validación, el niño tiene que descargar esa emoción, puede ser a través del llanto, a través de la conversación del suceso, de la respiración, del juego… el niño va a encontrar la forma, lo único que tenemos que hacer los padres es estar ahí presentes, para contenerlo y verificar que la descarga sea positiva y que no ponga en riesgo la integridad del niño ni de terceras personas.
A veces nuestros niños llegan del colegio y sólo quieren llorar, están irritados, molestosos y nosotros no entendemos que está pasando, en ese momento primero contengamos a nuestro niño, y luego preguntemos ¿qué pasó, qué estas sintiendo?, seguramente ese llanto, esa mala onda, sin causa aparente, sea la descarga y la forma que él está utilizando para sacar esa emoción que está sintiendo.
Una vez reconocida, validada y descargada la emoción, es importante motivar y acompañar a nuestro niño en la identificación de soluciones prácticas que ayuden a solucionar esa emoción que está sintiendo; volviendo a nuestro ejemplo, si nuestro niño se está sintiendo abusado y como efecto de esa situación experimenta rabia, será importante que nuestro niño aprenda a expresar de forma clara y firma su molestia y que aprenda a pedir ayuda si es necesario.
Nuestro rol como papás es acompañar y guiar a nuestros hijos en la búsqueda de alternativas de solución, y en función de la gravedad o no de la situación, los padres deberemos evaluar si corresponde o no que participemos de manera más activa en esa situación, al final los padres somos los responsables de la protección de nuestros hijos. Eso no significa que anulemos la autonomía e independencia de nuestro niño, ni que queramos solucionarles la vida, pero sí tenemos que estar atentos al problema para ver si corresponde o no nuestra intervención.
La meta más grande para todos los padres debería ser construir un mejor mundo para nuestros niños y dejar mejores seres humanos en él; espero que juntos podamos hacer realidad esa enseñanza tan hermosa que nos dejó Ghandi: “Seamos el cambio que queremos ver en el mundo”.

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