Aprendizaje en el hogar...
- paulaclarosliendo

- 21 ene 2021
- 4 Min. de lectura

Estamos a pocos días de volver a las aulas, por ahora será nuevamente el hogar el espacio donde los niños re tomarán su aprendizaje, la experiencia del pasado año, quizá dejó para algunos sensaciones amargas marcadas por gritos, castigos, llantos, pérdida de paciencia y niveles muy altos de estrés; quizá para otros ma/padres fue más fácil y tuvieron una mayor capacidad de adaptación; sin embargo, en cualquiera de los casos todos los ma/padres nos vimos experimentando una situación para lo cual no estábamos preparados.
Y es que acompañar y guiar a nuestros niños con su aprendizaje escolar en casa, no es para nada una tarea sencilla ni fácil (más aún si no es voluntaria), en algunos momentos, muchos de los ma/padres que hemos acompañando este proceso nos sentimos frustrados porque nuestros niños no querían hacer los deberes, no querían pasar las clases virtuales y porque quizá los ma/padres sentimos que no teníamos todas las herramientas y habilidades pedagógicas para acompañarlos.
Lo cierto es que nuevamente vamos a transitar por esa experiencia y muchos ma/padres quizá se pregunten, ¿tenemos que ser profesores de nuestros hijos?, y es que depende mucho de la idea o creencia que nosotros tengamos de la figura del “profesor”, probablemente si lo relacionamos con órdenes o autoritarismo (algo así como a Tronchatoro en la película Matilda), pues la respuesta sería no, no tenemos que ser sus profesores; pero, si relacionamos la figura del “profesor” con enseñanza, guía y acompañamiento, claro que podemos guiarlos, desde el amor, del respeto y desde el cuidado por sobre todas las cosas de nuestro vínculo afectivo y de seguridad así como preservando siempre la buena salud mental, nuestra y de nuestros hijos.
Entonces, ¿cómo podemos equilibrar el cuidado de nuestro vínculo y salud mental de nuestros hijos con el acompañamiento en su aprendizaje escolar, ahora en casa?
Lo primero que vamos cuidar es nuestro estrés
Todos podemos experimentar estrés en algún momento de nuestras vidas, ya que es una emoción humana. Cuando nos encontramos ante una amenaza o problema, el cuerpo activa automáticamente una respuesta biológica de “luchar o huir”, la cual trae cambios fisiológicos como el aumento de la respiración, aumento del ritmo cardíaco y activación de los músculos para actuar inmediatamente. Esto hace que muchas veces no estemos en la mejor disponibilidad para acompañar a nuestros niños ni que la paciencia sea una de nuestras virtudes en este acompañamiento.
Por tanto, si queremos acompañar a nuestros niños con sensibilidad y disponibilidad emocional debemos aprender a prestar atención a nuestras emociones, reconocerlas, nombrarlas y gestionarlas. La auto regulación emocional es el primer requisito para estar accesibles a las necesidades de nuestros hijos.
“Si el corazón está tranquilo el cerebro está listo para aprender” (Lucas Raspall)
Desde la teoría del apego se sabe que un niño estará listo para la exploración y para el aprendizaje en la medida que se sienta seguro y tenga una base de confianza, sólo en ese momento su cerebro y su corazón estarán listos para aprender, y somos los adultos de referencia, los que les ayudaremos a construir ese ambiente de seguridad a partir de nuestra respuesta sensible y positiva a sus necesidades.
El aporte de las neurociencias (ciencia que estudia el comportamiento del cerebro) nos dice que un cerebro calmado, motivado y emocionado está completamente apto para el aprendizaje, ya que al cerebro por naturaleza le gusta aprender; eso quiere decir que, como ma/padres tenemos que asegurar que el ambiente donde nuestro niño vaya a comenzar su aprendizaje sea un entorno calmado y seguro para él, tanto a nivel físico como emocional.
A nivel emocional, se sabe que algunas de las emociones que bloquean y limitan el aprendizaje son el miedo, la ansiedad y el enojo, esto porque son emociones que activan la “alerta y el peligro” de nuestro cerebro emocional (sistema límbico) lo que hace que nuestro cuerpo comience a producir niveles altos de cortisol (la hormona del estrés) cuando esto sucede y nuestro organismo se intoxica de cortisol, “el modo aprendizaje” de nuestro cerebro se bloquea lo que hace que el niño no esté en condiciones de aprender; por ejemplo, un niño expuesto a gritos o maltrato será un niño que no podrá aprender; igualmente un niño que esté sentado frente a un computador por más de 45 minutos seguidos, ya no tendrá la capacidad de retención de los contenidos, simplemente porque su capacidad de atención sostenida es para un tiempo determinado, la misma que se reduce si el aprendizaje es virtual.
Sin emoción no hay aprendizaje…
Asegurar un ambiente emocional y físicamente seguro es una necesidad básica para el aprendizaje; pero no es la única, y es que si no hay emoción no hay aprendizaje, tal como lo dice el neurocientífico Francisco Mora: “Hay que «encender» primero la emoción. Todo esto debe llevar a crear métodos y recursos capaces de evocar la curiosidad en los alumnos por aquello que se les explica”. Esto es algo que fácilmente lo podemos comprobar con nuestros niños, y es que, cuando algún conocimiento los aburre, ya sea por el contenido o por la forma en la que se le enseña, no tienen ni las ganas ni la motivación por aprender.
"Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil" (Albert Einstein)
Finalmente, y no menos importante es entender que, no todos los niños aprenden de la misma forma, cada niño tiene su propio ritmo y su propia forma de hacerlo, esto nos lleva a considerar la importancia de las denominadas inteligencias múltiples (Teoría propuesta por Howard Gardner, 1983) quien además de las clásicas inteligencias lingüística y lógico-matemática, reconoció la inteligencia espacial, musical, kinestésica y corporal, interpersonal e intrapersonal. Cada una de estas inteligencias nos invita a utilizar diferentes canales sensoriales para motivar su aprendizaje.
Comprender todos estos aspectos, ojalá nos pueda dotar de mejores habilidades para acompañar a nuestros hijos en su proceso de aprendizaje; muchas veces nuestros hijos no hacen las cosas no porque no quieren simplemente no las hacen porque todavía no pueden hacerlo. Acompañarlos desde el respeto a su ser, reconociendo su autonomía progresiva, asegurándoles un entorno seguro y conectando con sus emociones será lo más importante, si es que lo que más queremos es proteger nuestro vínculo con ellos cuidando sobre todo nuestra y su salud mental, esto por sobre cualquier tipo de contenido o enseñanza académica.
¡La prevención siempre será mejor que la intervención!
Paula Claros Liendo
Comunicadora Social-Universidad Católica Boliviana
Post grado en Parentalidad, Apego y Desarrollo de la Infancia – Fundación América por la Infancia (Chile)

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