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APRENDER Y ENSEÑAR A GESTIONAR LAS EMOCIONES: Un doble desafío para los papás y mamás...

  • Foto del escritor: paulaclarosliendo
    paulaclarosliendo
  • 30 ago 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 4 sept 2019

“De que sirve que un niño sepa colocar Neptuno en el Universo, si no sabe dónde poner su tristeza o su rabia” (José María Toro)






Desde que soy mamá, me interesé mucho por aprender nuevas técnicas y nuevos enfoques de crianza, y ¿por qué sentí esa necesidad?, pues porque el mundo es dinámico y está en constante transformación, porque valoro lo que hicieron mis padres, pero yo quiero hacerlo un poquito mejor, porque quiero dejar un mejor ser humano al mundo, pero sobre todo, porque QUIERO DEJAR UN MEJOR SER HUMANO EN EL MUNDO.


Si hay algo que tenemos en común con nuestros padres, es el profundo amor hacia los hijos; sin embargo, hay algo que nos diferencia mucho, y es que nosotros somos una generación de padres privilegiada porque tenemos algo que quizá, muchos de nuestros padres hubieran valorado en su momento, la “información”, buena y no tan buena…seguro que sí…no obstante, de nosotros depende aprovechar esa información para generar conocimiento y para nutrirnos con el objetivo de ser “un poquito” mejores papás y mamás.


Es así que, en todo el bagaje de información que tenemos, surge con mucha fuerza la importancia de aplicar en nuestra vida, la “Inteligencia emocional”; urge aprender sobre la gestión de las emociones, esta habilidad que, según nos dice Alejandra Huerta, experta en inteligencia emocional, no sólo  reconoce la importancia de la inteligencia racional que nos ayuda a HACER; sino también la inteligencia emocional que nos ayuda a SER; esta habilidad que nos enseña que no hay emociones buenas ni malas, que enojarse no está mal, lo que está mal es la forma en la que expreso mi enojo, cuando lo hago de manera negativa; esa habilidad que nos recuerda la importancia de enseñar a nuestros niños la gestión de sus emociones para que ellos aprendan a reconocer lo que sienten y puedan ponerle un nombre a eso que están sintiendo.


La importancia de aprender a reconocer, nombrar y expresar (a todo eso yo le llamo gestión) nuestras emociones es fundamental, no sólo para una sana convivencia con el mundo, con nuestra familia y con nuestros hijos, sino sobre todo con nosotros mismos.

Coincido plenamente con Ismael Cala, cuando dice que la mayor parte de los seres humanos somos “analfabetos emocionales”; entonces, si es que somos analfabetos, ¿qué corresponde que hagamos? pues yo creo que aprender…sin embargo, desde nuestro rol de papás y mamás, este aprendizaje es doblemente desafiante porque a la par que aprendemos debemos enseñar, es algo así como cambiar una llanta del vehículo, pero con éste en movimiento.


En mi experiencia personal, tanto a mi como a mi niña nos ayudó mucho ver la película Intensamente de Pixar, que, si bien es una película que puede “etiquetar” con un color y una forma las emociones, resulta muy didáctica para conocer algunas de las emociones básicas que tenemos, y lo más lindo de esta película es que se la puede ver en familia. Otro recurso maravilloso con el que juntas aprendimos de muchas más emociones es el libro “Emocionario: Dime lo que sientes”, que expone de manera didáctica, divertida y cálida el significado de 42 emociones, sí…42 emociones, entre ellas podemos aprender la diferencia de sentirse melancólico o nostálgico o la diferencia entre alegre o eufórico, por ejemplo.


El camino que nos lleva a aprender a reconocer, nombrar y expresar las emociones, tiene que ver tal como lo dice Daniel Goleman, con aprender a ser inteligentes con nuestras emociones y tiene que considerar, además, aspectos relacionados con la identificación y validación de las mismas, tanto de las nuestras como la de nuestros hijos. Validar las emociones nos ayuda a generar confianza con nuestros hijos, muchas veces los adultos invalidamos no sólo las emociones de nuestros hijos, sino también las propias.


Lo más importante de todo esto, es que como padres entendamos y tomemos consciencia que la familia y la casa es la principal escuela de las emociones y somos nosotros, como siempre, los primeros referentes en este aprendizaje.


Poco a poco iré compartiendo más publicaciones sobre este fascinante mundo de la inteligencia emocional, vinculada a la comunicación y a nuestros hijos, mientras, los dejo con esta reflexión:


Las emociones no son buenas ni malas, son sólo emociones; si nosotros le decimos a nuestro hijo no llores, no te enojes, no estés triste le estamos diciendo NO SIENTAS. Las emociones nos recuerdan que estamos vivos y siendo esta una habilidad, podemos aprender y re aprender a gestionarla.


 
 
 

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